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miércoles, 16 de enero de 2013

EL DOMINO

EL DOMINO.


POR GILBERTO DIHIGO.-Todavía no se encuentra el documento y tal vez nunca sea hallado pero es muy probable que Miguel Teurbe Tolón, diseñador del escudo nacional cubano, haya incluido en sus primeros bocetos una ficha de dominó, junto a la Palma Real, los colores de la bandera y la llave del Caribe.

Es imposible que Miguelito se “haya pasado con ficha” y dejara fuera así, sin más, a una de las grandes pasiones del pueblo cubano al que le impregnamos un gracejo y originalidades que hacen diferente este juego dentro de nuestras fronteras nacionales, el cual según dicen historiadores se jugaba en el antiguo Egipto.

En 1922 Howard Carter y George Herbert descubrieron un juego de dominó en la tumba de Tutankamon, perteneciente a la dinastía XVIII de Egipto, quien reinó del 1336 al 1327 a.C.

Es difícil imaginarse al “Tutan”, acompañado de tres cortesanos con sus correspondientes vasijas de barro llenas de bouza, una cerveza agria de esos tiempos, envuelto en una partida de dominó, bajo el estruendo de un grupo de arpa, trompeta y chirimía y gritando.. “Me pegue, me pegue”.

Otros autores dicen que el domino nació en China y que su origen se ubicaba en algún momento cercano al año 1120 antes de nuestra era (a.n.e). Todo eso puede ser cierto, pero ningún chino puede jugar más dominó que un cubano. (Ojo, esa es una característica importante que ofrece este juego de mesa en la isla. Todos los cubanos aseguran ser grandes jugadores, es preferible nunca llevarles la contraria)

Y es que el dominó es capaz de aglutinar dentro de su esfera otras pasiones de los cubanos como la tacita de café, las discusiones de pelota, escuchar música bien alto y el baile(los perdedores pueden echar un pasillo mientras esperan turno)

El dominó se juega en la isla de dos formas. La primera hasta el doble nueve con 55 fichas en la zona occidental y hasta el doble seis con 28 piezas, por el oriente. Este tipo es el conocido como dominó clásico o antiguo, modalidad más practicada en el mundo por el alto nivel de cálculos que tiene, lo que hace que se le considere la forma más difícil.



A diferencia de la variante del doble nueve, en la del doble seis todas las fichas juegan, siendo así más científico ya que cuando participan todas las piezas, para ganar la data como también se conoce la partida se vuelve necesario sacar bien las cuentas para conocer la cantidad de tantos que tiene el contrario y poder cerrar el juego al final de la partida.

Muchas expresiones del domino se utilizan de forma coloquial dentro del habla de los cubanos. De esta forma cuando alguien nos quiere engañar, nos trata de meter un “forro”, o si hay una situación complicada “se trancó el dominó”.

Dentro del juego hay frases que en otras latitudes no entienden bien, como cuando se coloca el 6-9 y se dice “relajo” o “gato” al poner el cuatro y “sin curvas” si es un cinco. Hay muchas que van según la creatividad de los jugadores.

Pero a pesar de lo bien que jugamos el dominó, desde hace mas de 50 años no conseguimos ganar con el compañero que se nos pegó en las partidas, quien se “agacha” de manera constante y no mata las fichas que nos duele, que además se pasa con fichas de forma constante y arriba de eso no quiere salir de la mesa porque dice que esas derrotas nos llevará a una gran victoria.

Lo cierto es que las “pollonas” –para aquellos que no conocen, partidos sin puntos-, “viajeras” – donde el rival tranca y consigue 100 unidades de un tirón- no disminuyen en nuestra cuenta y no hay forma que este compañero aprenda que su manera de jugar individual es nefasta. Lo peor es que nunca admite sus errores y al final siempre somos los cubanos culpables del yerro.

La única solución para que empecemos a ganar es quitarnos de arriba a semejante paquete de una vez por todas y darle agua al dómino, mucha agua a ver si de una vez por todas comenzamos un juego diferente sin el extremismo del sofocador compañero que tenemos hoy.

Solo quiero decirles que cualquier semejanza de estas metáforas con el castrismo y el pueblo cubano no es ninguna coincidencia.

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