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martes, 18 de noviembre de 2008

LA ZETA DE JULIO


La zeta de Julio

Raul RIVERO, La Habana / 2001

Antonio Banderas será ahora El Zorro y los malhechores escaparán despavoridos ante su espada justiciera. Se morirán por él legiones de muchachas, pero, en Cuba, El Zorro es Julito Martínez.Lo es porque en su caballo blanco caracoleó por toda la Isla y en los estadios manigüeros y en los potreros más remotos redujo a sus enemigos y dejó acelerado el ritmo del corazón de las mujeres.Lo sigue siendo porque a su carisma de actor y su talento, Julito ha unido siempre su cubanía y su gracia de guajiro de Quemado de Güines.

Por eso es también Juan Quinquín en Pueblo Mocho y todos los personajes que hizo para la radio, el cine y la televisión.Y por eso mismo es aquí el Julito Martínez hombre, ser humano, uno de los artistas que tienen sitio permanente en la memoria del público.Yo tengo, en el inventario de momentos felices de mi existencia, casi una eternidad junto a ese caballero generoso y sensible (a veces un poco llorón) que tuvo que salir de Cuba a respirar y rehacer su vida.

Eran pequeñas fiestas espirituales las excursiones con el actor a los pueblos cercanos a La Habana, a las provincias del centro de Cuba y a cualquier rincón del país donde era recibido como alguien de la familia, alguien cercano y querido que regresa de repente.

En su país, Julito Martínez se creía pariente de todo el mundo, y lo mejor del asunto es que la gente lo creía también.En los últimos tiempos, ya no hacía sus recorridos a caballo, sino en un carro ruso que lo derribó del asiento de chofer más veces que las que lo tumbó el corcel de El Zorro.El joven que llegó de barbero a la capital, que tuvo que salir todos los días victorioso en la torva esgrima contra la envidia y que en medio de grandes complejidades completó sus estudios universitarios, llegó a la madurez sin odios ni resentimientos, abierto al afecto y a la amistad, aunque rebelde –siempre con el humor como única arma– ante las limitaciones de la libertad individual y el control estatal.

Aquí, aunque aparece en material de archivo, cuando su voz se escucha en una grabación se comenta y se anuncia de barrio en barrio y de pueblo en pueblo, porque la suya es una presencia noble que tiene que ver con la alegría y la belleza, esas emociones escasas y elementales.

Lo dicho. Que siga a caballo y a todo color Antonio Banderas.

El Zorro que queremos es Julito Martínez, en blanco y negro por los campos de Cuba.

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