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martes, 3 de junio de 2008

Recordando a ELENA BURKE


La música cubana está repleta de epítetos, la mayor parte de ellos
nacidos gracias al ingenio de locutores de radio, que enfrascados en buscar recursos que les permitieran promover de un modo comercial las principales virtudes de nuestros más brillantes intérpretes, acuñaron frases en la memoria del público, como “El bárbaro del ritmo” (Benny Moré), “El rey de la melodía” (Joseíto Fernández), “La voz del danzón” (Barbarito Diez), “El rey del mambo” (Dámaso Pérez Prado), “Los campeones del ritmo” (Conjunto Casino), “El mago de las teclas” (Antonio María Romeu), y tantos otros que conforman una interminable lista, dentro de la cual brilla uno que en mi criterio es de los más certeros, al calificar como “La señora sentimiento” a nuestra Elena Burke, esa voz imprescindible de la cancionística cubana, que tuvo como sus principales aliados al filin y al bolero, géneros con los que demostró a plenitud su capacidad de interpretación y sus dotes de excelente comunicadora.
Nació en La Habana el 28 de febrero de 1928, y siendo aun una adolescente, sus inquietudes artísticas fueron la motivación para presentarse en los habituales
concursos de aficionados de la radio, experiencias que en un inicio serían
curiosamente fallidas y en nada alentadoras, aunque por fortuna supo sobreponerse, hasta que un nuevo intento en La Corte Suprema del Arte a la edad de doce años, le brinda la
oportunidad de impresionar a Miguel Gabriel, uno de los propietarios de CMQ Radio, quien luego de someterla a una prueba en la que fue acompañada por el pianista y compositor Orlando de la Rosa, le ofrece un contrato inicial de una semana que finalmente llegaría a
prorrogarse por espacio de dos años.
Luego pasó a trabajar en la emisora Mil Diez, donde cantó durante mucho tiempo acompañada por la orquesta que dirigía el maestro González Mantici, además de
realizar presentaciones a piano y voz en las que contó con el respaldo de
Dámaso Pérez Prado, y formar parte de un trío dirigido por Adolfo Guzmán. Fue allí también donde tuvo la oportunidad de conocer y compartir con músicos como Ángel Díaz, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Yáñez y Gómez, Justo Fuentes y Tania Castellanos, núcleo gestor de lo que sería muy pronto el filin, acercándose junto a ellos a esas nuevas canciones que noche a noche compartían casi clandestinamente en el legendario Callejón de Hammel.
A los diecinueve años integra las famosas Mulatas de Fuego, agrupación con la que aparece sistemáticamente en los escenarios del teatro Fausto y el cabaret
Tropicana, incorporando durante esta etapa el baile como un nuevo recurso. Viaja a México como parte de ese espectáculo y participa en calidad de bailarina en varias películas dirigidas por el Indio Fernández, luego de lo cual regresa a Cuba e inicia una nueva etapa en su vida, ahora como cantante de agrupaciones vocales.
Primeramente va a formar parte del cuarteto de Orlando de la Rosa junto
a Omara Portuondo, al que seguiría el de Facundo Rivero, con el que hizo mucho cabaret en México; y más tarde un trío llamado Las Cancioneras, dirigido por Enriqueta Almanza, hasta que por último ingresa en Las D'Aida, cuarteto organizado por Aida Diestro en 1952, como parte del elenco artístico de la televisión, en el cual compartió con
Moraima Secada, Omara y Haydee Portuondo, debutando el 16 de agosto de ese mismo año en el programa Carrusel de las Sorpresas, luego de lo cual son invitadas por el director Amaury Pérez a participar de forma estable en el estelar Show del Mediodía, que compartían con sus actuaciones en cabaret, haciendo presentaciones habituales en sitios como La Campana, el Club 21 y el Montmatre, con las cuales se fue cimentando una fama, que les permitiría hacer giras internacionales por países como Estados Unidos, Venezuela, México y Argentina.
En 1958 Elena abandona el cuarteto y decide iniciar su carrera como solista, contando para ello primero con los más diversos acompañamientos, entre los que sobresalen sus trabajos con Meme Solís al piano, y luego sus presentaciones con los guitarristas Froilán Amézaga y Juanito Martínez.
A partir de esa fecha llevó a cabo una extensa lista de grabaciones, que le han permitido
estar presente de forma permanente en el catálogo musical cubano, entre los que
pudiéramos citar como ejemplos títulos como: Tú me acostumbraste donde aparece junto a Frank Domínguez interpretando sus temas: Imágenes, Refúgiate en mí,
Me recordarás y Canción a La Habana; el álbum Amigas , que comparte con sus
inseparables Omara y Moraima; el histórico Concierto en el Lincoln Center , testimonio de su presentación en el escenario neoyorquino junto a la Aragón y Los Papines; o las
antologías El feeling de César Portillo de la Luz y La música de José Antonio Méndez.Su hija Malena continua la cadena del estilo único musical cubano y la vemos cada semana en las noches de Miami, al igual que su nieta Lena, quien, aunque con diferente estilo, mantiene vivo junto a su madre, un legado de dioses. Falleció a la edad de 74 años, el 9 de junio del 2002, dejando un profundo vacío en ese
inmenso público, que enamorado de su particular estilo la identificará eternamente como
“La señora sentimiento”. ¡Dios te bendiga Elena!

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